En Talleres se naturalizó y legitimó el sistema “Fassi”: Comprar tarde y barato es su fórmula, a diferencia de lo que hacen los equipos campeones, que se arman con tiempo e invirtiendo el dinero necesario para lograr grandes objetivos.
Es así, como todas las temporadas, Talleres empieza a funcionar (cuando lo consigue), luego de 7 u 8 fechas dejando en el camino puntos vitales.
Para colmo de males, antes los jugadores que arribaban tarde, tenían cierta jerarquía.
Ahora, además de llegar a destiempo, el nivel de las incorporaciones, no llega ni siquiera a generar alguna expectativa o esperanza que le permita a los hinchas ilusionarse.
Con una superpoblación de empleados, y con pocos, o casi ningún empresario poderoso al que se le de un lugar importante, Talleres se mueve al ritmo de Andrés, que hizo muchas cosas buenas por el club, pero que de ninguna manera dejará de priorizar sus intereses particulares a cambio de los colores.