El hombre que se ganó el apodo de “Zorro” por su astucia, de repente, desnudó sus debilidades y quedó expuesto.
“El que habla, se jode”, solía decir el prócer argentino Julio A Roca, y el verborrágico mandamás Albiazul, lejos de haber tomado ese consejo, entró en el juego de las palabras y terminó en el barro del abecedario.
“Tenemos 3 goleadores en el plantel”
“Llegaron los refuerzos Sequeira y Angulo. Uno está entre los mejores enganches del fútbol argentino y el otro es el segundo mejor extremo del país”
“Vamos a realizar las incorporaciones sobre el final del mercado de pases porque es lo más conveniente”
“Como estamos sobre el cierre del libro de pases, los clubes no quieren ceder a sus jugadores”
“El dólar está caro y se hace difícil traer refuerzos” (2023). Hoy, la moneda norteamericana tiene casi los valores de la época de Martinez de Hoz.
“Los que no manejaron empresas no tienen autoridad para hablar”
“¿Vos te crees que lo que me decís, yo no lo pensé?”
Estas son sólo algunas de las desafortunadas frases expresadas por Fassi, que demuestran su soberbia anteponiendo sus intereses a los de Talleres.
Tarde o temprano esto iba a suceder.
Andrés Fassi vino jugando al filo tentando a su buena estrella hasta que el sol se apagó por un rato y una docena de errores lo dejaron expuesto.
Las contradicciones, la soberbia y sus ambiciones personales lo han entrampado.
Andrés Fassi ha perdido la credibilidad de la gente, y eso es lo peor que le puede suceder a un dirigente.
Sus decisiones, en su mayoría desacertadas en estos últimos tiempos, han llevado al colapso deportivo no sólo del equipo de primera, sino también a las inferiores y al femenino.
Talleres ya no pelea los primeros puestos en las tablas y tampoco estará en copas internacionales en 2026.
Paea colmo, los socios e hinchas, tienen que pedir permiso hasta para ingresar a los baños del club, como si todas las estructuras no les pertenecieran.
Sólo unos pocos, que utilizan la marca Talleres y se benefician de ella, se mueven con soltura en el Card y la Boutique.
Sólo dos cosas lo mantienen estable en su cargo:
La primera y fundamental, es que, con el mayor de los respetos, nadie que tenga los quilates suficientes se le ha parado enfrente; la segunda, el miedo de la gente a revivir una catástrofe parecida a la de dos décadas atrás.
Mientras tanto, el tercer club con más hinchas del país, sigue esperando que algún “chico” se caiga para permanecer en la categoría.