POR LA CAMISETA

Córdoba - ARG

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Fueron pocos los que se dieron cuenta tempranamente de esta situación.

Pero a esta altura es obvio que para Andrés Fassi, Talleres, más que un sentimiento es una vidriera comercial.

Fue así, como entre el miedo de los socios por volver a descender, alguna clasificación a copa internacional con armados de planteles que duraban 6 meses, sumados a los discursos grandilocuentes del máximo responsable, Talleres se fue convirtiendo en un club de amigos para pocos, con resultados deportivos cada vez peores en todas sus disciplinas y categorías.

La decadencia futbolística del primer equipo está a la vista de todos; sin embargo, hoy la institución tiene casi 500 empleados (sí, leíste bien), y decenas de ellos, son familiares y obsecuentes del presidente.

Así se llega a un segundo semestre de una temporada en la que el eterno rival salío campeón eliminando a un grupo de jugadores que andaban de copas un par de días antes del partido definitorio.

A algunos de ellos, no se los podía despedir, porque eran propiedad de Fassi, y a otros no se los podía vender, porque o estaban rotos, o nadie los quería en el mercado.

Es así, como de una manera grosera, y sin ponerse ni siquiera colorado, el pueblo Albiazul se acab de enterar que el juvenil Valentín Davila tiene sus días contados en la T porque Fassi lo va a negociar.

Esto tiene que cambiar de una vez por todas antes de que sea tarde.
La realidad, es que Talleres necesita más jugadores y menos Migueles y Sebas.